
Entre nubes de humo de cigarrillo, el aroma a salmonetes fritos y la cadencia del dialecto siciliano, Andrea Camilleri demostró que la literatura puede ser un banquete para los sentidos y que nunca es tarde para conquistar el mundo.
Hay vidas que parecen escritas por un novelista generoso, y luego está la de Andrea Camilleri. Si uno cierra los ojos y piensa en él, la imagen es nítida: unas gafas de pasta gruesa, una sonrisa socarrona esculpida entre arrugas, una voz cavernosa castigada por el tabaco y, flotando en el aire, la silueta eterna de un cigarrillo humeante.
Camilleri (Porto Empedocle, 1925 – Roma, 2019) no fue solo el escritor más leído y querido de la Italia contemporánea; fue un contador de historias a la antigua usanza, un hombre que transformó su Sicilia natal en un territorio universal donde el crimen se resolvía entre bocado y bocado.
El éxito a la hora del postre
Lo fascinante de Camilleri es que su consagración literaria no fue el capricho de una juventud fulgurante, sino el fruto maduro de la vejez. Durante décadas, fue un respetado hombre de teatro y realizador de la televisión pública italiana (la RAI), además de profesor de interpretación. Su pluma era afilada, pero sus novelas apenas encontraban eco en las editoriales, que las rechazaban por su peculiar mezcla lingüística: ese híbrido fascinante entre el italiano estándar y el dialecto siciliano que él bautizó como vigatés.
Tenía casi 70 años cuando decidió inventar a un comisario de policía. Lo llamó Salvo Montalbano —en homenaje al escritor español Manuel Vázquez Montalbán, su gran amigo y referente—. Era 1994 y nacía La forma del agua. A partir de ahí, la chispa prendió un fuego incontrolable. Camilleri publicó más de treinta novelas de la saga, vendió millones de ejemplares en todo el mundo y la adaptación televisiva convirtió al comisario en un icono global. El jubilado se había convertido en un fenómeno de masas.

“Para mí, escribir es como fumar: no puedo parar, y si paro, me pongo de muy mal humor.”
Un comisario que piensa con el estómago
¿Cuál fue el secreto del éxito de Montalbano y su creador? Quizás que, en un género negro dominado por detectives nórdicos atormentados, alcohólicos y deprimidos por la falta de sol, Camilleri propuso una alternativa luminosa y profundamente mediterránea.
Montalbano es gruñón, leal y tiene una brújula moral inquebrantable, pero, sobre todo, es un sibarita. Sus investigaciones se detienen religiosamente a la hora de comer. Frente a un plato de pasta ‘ncasciata, unos salmonetes recién pescados o unos arancini preparados por su asistenta Adelina, el mundo se congela. Camilleri elevó la gastronomía a elemento narrativo: en sus libros, comer no es una necesidad biológica, es un acto de resistencia cultural y de respeto por la vida.
Pero también es cuando siempre suena el teléfono.
Pero detrás de la comedia costumbrista y el hedonismo, Camilleri nunca fue un autor complaciente. A través de la ficticia ciudad de Vigàta, radiografió las heridas abiertas de la Italia real: la corrupción política, los tentáculos de la mafia, la burocracia absurda y, en sus últimos años, el drama de los migrantes que llegan a las costas sicilianas.
Ver en la oscuridad
En la última etapa de su vida, el destino le guardó una ironía cruel a este hombre intensamente visual: una ceguera progresiva lo dejó en la penumbra total. Lejos de rendirse, Camilleri pareció encontrar una nueva juventud creativa. “Cuando me quedé ciego, sentí que ahora veo las cosas con mayor claridad”, solía decir.
Comenzó a dictar sus novelas a su fiel asistente, Valentina Alferj, afinando aún más su oído para los diálogos. Con más de 90 años, ciego y apoyado en un bastón, se subió al escenario del majestuoso Teatro Griego de Siracusa para interpretar el monólogo de Tiresias, el adivino ciego de la mitología. Fue una ovación histórica, la consagración de un hombre que se negaba a apagar su voz.

Vistas del Teatro griego de Siracusa y La Iglesia de Ragusa Ibla (Vigàta en el universo Montalbano).
El legado del maestro
Andrea Camilleri se marchó en julio de 2019, a los 93 años, dejando lista la última novela de su comisario (Riccardino), con instrucciones precisas de que se publicara tras su muerte para que nadie más pudiera escribir sobre él.
Nos dejó más de un centenar de libros, entre novelas policiacas, ensayos históricos y fábulas populares. Pero su mayor regalo fue recordarnos la belleza de la lentitud, el valor de la dignidad civil y el placer infinito de escuchar una buena historia frente al mar.
Hoy, cuando abrimos una de sus páginas, casi podemos escuchar las olas rompiendo en la playa de Marinella y el rumor de una cafetera al fuego. Y ahí sigue él, sonriendo entre el humo, recordándonos que la vida, a pesar de todo, es un plato que merece la pena saborear hasta la última gota.
- Tres libros imprescindibles de Andrea Camilleri:
- El perro de terracota (La novela que consolida el universo de Montalbano, sus métodos y sus irresistibles pausas gastronómicas.).
- El rey campesino (Una muestra brillante de su narrativa histórica sobre la Sicilia bajo la dominación piamontesa y española durante el sxviii).
- La muerte de Amalia Sacerdote (Novela negra con la que ganó el Premio Internacional de Novela Negra RBA 2008).